La protección de los activos de cualquier organización –pública, privada o sin ánimo de lucro– es una tarea crítica para la viabilidad, rentabilidad, reputación y sostenibilidad de la organización. Esto trasciende la protección de los meros activos humanos y físicos, e incluye el aseguramiento de dos activos críticos: la propiedad intelectual y la información. La protección de los activos requiere una combinación de pensamiento estratégico, gestión de procesos, y capacidad para implementar programas e iniciativas en periodos de tiempo cada vez más cortos para igualar el rápido ritmo del entorno global de negocios de hoy en día.
Implementar un Sistema de Gestión de Seguridad Física con este estándar proporciona un enfoque para identificar, aplicar y gestionar medidas de seguridad físicas para salvaguardar los activos de una organización –personas, propiedades, información e intangibles– radicados en instalaciones (no durante el tránsito). La protección física de activos (PAP, Physical Assets Protection) –también conocida como gestión de la seguridad física– incluye la protección tanto de los activos tangibles (por ejemplo activos físicos, humanos, infraestructurales y ambientales) como intangibles, por ejemplo la marca, la reputación y la información.
Todas las organizaciones se enfrentan a un cierto nivel de riesgo. El reto es determinar cuánto riesgo es aceptable, y la manera de gestionar rentablemente el riesgo al tiempo que se cumplen los objetivos estratégicos y operacionales de la organización.